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Posiblemente, uno de los mejores directos de la historia del heavy-rock en castellano. El principio de los ochenta fue una década excepcional para nuestro heavy metal con los propios Obús y los enconados ‘rivales’ Barón Rojo del otro lado, pero con un nutrido elenco de formaciones que también tenían una considerable cifra de seguidores, como Ángeles Del Infierno, Panzer, Ñu, Santa, Sobredosis… Una época dorada que al final murió, como casi todo, cuando el mercado intentó sacar productos edulcorados, casi de laboratorio, para facturar discos sin reparar en lo más importante: la calidad de las canciones y la aptitud y actitud de las bandas. Obús, aunque apoyo no le faltó, iba sobrado de todo eso. Tal y como hizo Leño con el rocanrol, Obús fue el eslabón perfecto que conectó la calle con el heavy metal. Los chicos de barrio salían en posters y llenaban pabellones. Con un par.

Y es que Obús, desde el inicio (solo hay que ver sus dos primeros videoclips ‘Va A Estallar El Obús’ y esa lección canónica de speed metal que es ‘Pesadilla Nuclear’), quisieron dejar claro que lo suyo era el rollo, la gente y estar en la calle. No es que las canciones de los demás grupos coetáneos hablaran de dragones, espadas y Edad Media (eso se generalizaría en los noventa), pero es cierto que el tono era otro. Obús es descaro, es amor lujurioso, copas y cervezas, gasolina, cuero y personas que rozan la marginalidad social.

Dicen que el concierto ofrecido aquella noche de febrero de 1987 fue el canto de cisne de la gloria, no solo ya de Obús, sino de todo un género. Puede ser que en número nunca volviera a ser lo mismo (10.000 personas en este concierto y más de 20.000 en 1985 en las fiestas del PCE) pero, por lo que respecta a Fructuoso Sánchez, Fortu, y Francisco Laguna, Paco, voz y guitarra en este directo y hasta nuestros días, siguen teniendo la misma actitud y la misma capacidad de enganche sobre el escenario que por entonces. El primero con una voz virtuosa, limpia y afilada en destellos de juventud entonces, sigue deleitando a día de hoy con descaro. Mientras que Paco, ‘acusado’ por entonces de no tener la técnica que reclaman siempre los puristas del heavy, ha ganado tablas y enteros con el paso de los años.

El tracklist de este disco es arrollador en casi su totalidad. Y aunque el paso del tiempo ha ido añadiendo canciones de los últimos discos que mantienen un buen nivel (no como otros) como ‘Cállate’, ‘Que Te Jodan’, ‘Esta Ronda La Paga Obús’, ‘Más Que Un Dios’ o ‘Sin Dirección’, es cierto que 11 o 12 temas de los 18 se mantienen aún a día de hoy en el setlist. El primer bloque es sencillamente arrebatador. La viciosa ‘Necesito Más’ y esa melodía de guitarra que sucede a la frase son leyenda viva, al igual que la muy poco discreta ‘La Raya’ o la marginal ‘El Que Más’. Como complemento, la diversión ante la velocidad de ‘Autopista’, un tran-tran delicioso, y ‘Va A Estallar El Obús’, el clásico entre clásicos.

Obús maneja como nadie los tempos y juega con ellos. Reescuchar hoy ‘Crisis’ es un golpe de actualidad inesperado. Desempleo, programas electorales que no se cumplen… Visionarios. ‘Dame Amor’, ‘Me Persigues’ y ‘Suena Que Atruena’ son un trío de canciones juguetonas, donde se respira aire de gran balada en la primera, mucho glam en la segunda y caradura en la tercera. Siempre te hacen sonreír. Entre ellas, dos de mis temas favoritos, la citada ‘Pesadilla Nuclear’, veloz y circunscrita a una época determinada de Guerra Fría, y ‘Te Visitará La Muerte’ con esa enorme “por si acaso, vivo como dios”. Tras ‘Juego Sucio’, una canción llena de rencor a traidores, se sucede un efectivo solo de batería de Fernando Sánchez, preludio de la siempre colorista ‘Dinero, Dinero’, divertida por más años que pasen. Cualquiera que haya visto a Fortu sobre el escenario lo sabe.

El tiempo ha hecho que la traca final haya quedado algo desmerecida. Sobre todo por ‘Rómpelo’ y ‘Mentiroso’, dos canciones muy lineales, más melódicas que potentes que pertenecían a Dejarse La Piel el disco de aquella gira y que es la única explicación de ese lugar en el setlist. Sí brilla, sin duda, la mejor balada de la discografía de Obús, ‘Complaciente o Cruel’, con especial protagonismo de teclados (muy de la época, estamos en el 87!) y la tradicional y etílica ‘Vamos Muy Bien’, otra de esas canciones que trasciende de géneros para convertirse en un himno popular de la fiesta, las barras y la amistad. Ejemplo máximo de cómo Fortu sabe conectar y hacer gritar a su público y colofón a un álbum inolvidable.

“Y ya no pararemos hasta no poder ver”. ¡Salud!

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