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Quizá este “Shout at the devil” sea el mejor (que no más famoso) disco de su magnífico e insuperable quinteto ochentero (“Too fast for love”, “Shout at the devil”, “Theatre of pain”, “Girls, girls, girls” y “Dr.Feelgood”).
“Shout at the devil” fue publicado en 1983, año en el que el heavy-metal más clásico (Judas Priest, Manowar, Iron Maiden, Accept, Scorpions) dominaba la escena, y año en el cual Sixx, Neil y los demás decidieron tintar la escena metalera de hard-rock glammy, introduciendo la típica imagen de cueros chillones, pelos sucios y cardados, muñequeras, sombra de ojos y demás parafernalia barroca propia del estilo. Sobra decir que en su día semejante “uniforme” causó conmoción y rápidamente muchos seguidores del rock vieron al grupo como a unos auténticos “payasos”, pero por otro lado mucha gente comenzó a sentirse atraída por esa imagen y esa forma de vida basada en el sexo, las drogas y la violencia. Junto a la imagen del grupo el disco también causó conmoción. Fue el primer disco de hard-rock de gran éxito mundial, junto con el “Pyromania” de Def Leppard, editado también en el 83, y hoy en día está considerado como uno de los mayores pilares del estilo. Era el principio del auge del hard-rock.
El redondo se abre con la intro “In the beginning” que se basa en una melodía “In crescendo” a la vez que oímos de fondo sonidos que remiten al apocalipsis, mientras una voz en off anuncia el fin de los días para el hombre, la llegada del anticristo y la ascensión de los “Niños de la bestia” (que hace referencia a los cuatro miembros del grupo). Enlazada con la intro viene el tema más representativo de los Mötley, “Shout at the devil”, un temazo que cuenta con un gran riff y con un estribillo simple y repetitivo que sin embargo se graba al instante en el cerebro. Destacar ya durante este primer tema la eficiente labor de Nikki Sixx a los coros, haciendo todavía más pegadizos y trepidantes los coros. Seguida de esta inmortal canción aparece la no menos gloriosa “Looks that kill”, con uno de esos riffs que tiran de espaldas, cortesía del gran Mick Mars, el miembro con más calidad de todo el grupo que sin embargo siempre ha estado en un segundo plano, por culpa en parte del enorme carisma de Sixx, Neil y Lee.
“Bastard” el cuarto corte, mantiene el ritmo trepidante al disco; un tema sencillo, rapidísimo y pegadizo, en resumen, un cañonazo. La atmósfera del disco se relaja con la instrumental y acústica “God bless the children of the beast”, un buen tema, pero algo extraño: se compone básicamente de un excelente solo acústico con acompañamiento de base rítmica que no llega a los dos minutos, y que termina con Neil susurrando el título de la canción.
La fuerza rockera volvía de la mano del mítico cover de los Beatles “Helter Skelter”. Si el tema original de los Beatles ya contenía una dureza considerable, la versión de los Mötley lleva a otro nivel esa dureza convirtiendo el tema en una descarga de puro heavy-metal. Heavy-metal como el de “Red Hot”, quizá la canción más fiera y crispante de toda la discografía de los Mötley. Otro cañonazo de energía venenosa y contagioso estribillo.
“Too young to fall in love” es otro de las grandes clásicos del disco. De ritmo lento y pausado, la canción posee uno de los estribillos más reconocibles y cálidos del plástico, casi en estructura de medio tiempo. No se puede considerar exactamente una balada, pero si que forma uno de los momentos suaves del disco.
“Knock ‘em dead, kid” y “Ten seconds to love” forman un gran dueto de fuerza y rabia, un gran ejemplo de cómo componer canciones cañeras de hard-rock, que da paso al último corte del disco, y todo sea dicho, el más flojo (que no malo), “Danger” que alterna momentos de gran dureza con otros más lentos y suaves. Básicamente, la canción describe de forma amarga y desesperada las desgracias de los jóvenes que se acercan a Hollywood pensando en convertirse en estrellas y que acaban siendo engullidos sin remisión por la “Meca del Cine”.
En definitiva, el disco más completo de Mötley Crüe, así como el más agresivo, y que les hizo obtener su primer gran éxito internacional, así como las primeras críticas de asociaciones religiosas y sociales, que no estaban dispuestas a permitir que cuatro bastardos vestidos como travestidos y rodeados de una imaginería pseudo-satánica y depravada tuviesen influencia alguna sobre sus hijos. Pero la carrera internacional de Mötley Crüe acababa de despegar, y sería imparable hasta los primeros noventa, donde sufrirían cruelmente, junto a las demás bandas del estilo, el auge de nuevos estilos dentro del rock.

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