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  • Fecha de lanzamiento

    2 Julio 1984

  • Duración

    9 temas

The Last in Line es el segundo disco de estudio de la banda de heavy metal Dio, lanzado el 2 de julio de 1984. Fue certificado con Oro (500.000 unidades vendidas) por la RIAA el 12 de septiembre de 1984, y fue el primer disco de Dio en ganar la certificación de Platino, el 3 de febrero de 1987.

Es el segundo disco de Dio con el guitarrista Vivian Campbell (ahora en Def Leppard) y el primero con el teclista Claude Schnell (ex-Rough Cutt).

Lista de canciones:
01_"We Rock" (Dio) – 4:33
02_"The Last in Line" (Dio, Vivian Campbell, Jimmy Bain) – 5:46
03_"Breathless"(Dio, Campbell) – 4:09
04_"I Speed at Night" (Dio, Campbell, Bain, Vinny Appice) – 3:26
05_"One Night in the City" (Dio, Campbell, Bain, Appice) – 5:14
06_"Evil Eyes" (Dio) – 3:38
07_"Mystery" (Dio, Bain) – 3:55
08_"Eat Your Heart Out" (Dio, Campbell, Bain, Appice) – 4:02
09_"Egypt (The Chains Are On)" (Dio, Campbell, Bain, Appice) – 7:01

Formación:
Ronnie James Dio – Voz
Vivian Campbell – Guitarra
Jimmy Bain – Bajo
Claude Schnell - Teclados
Vinny Appice – Batería

Crítica del disco:
Un año después del debut Holy diver, Dio se volvió a meter en el estudio con los mismos músicos y grabó un acojonante disco llamado The last in line. Me da la impresión de que la banda se encontró a sí misma estilísticamente, abandonando el lastre del pasado y lanzándose en pos de una música heavy-heavy de libro, hecha con muy buen gusto y mucho corazón. Todos los riffs guitarreros de The last in line dan fe de esta dedicación absoluta al género, que en su forma definitiva (previa a la subsiguiente evolución y desbandada) quizá tocó techo en los años siguientes y se empezó a autocomplacer y repetir en exceso, a causa de lo cual yo di carpetazo y me zambullí en otros estilos que me ofrecían cosas más nuevas, abandonando un montón de grupos "por la mitad" y sólo retomándolos mucho tiempo después, cuando por fin no quedó rastro de las mallas, los disfraces de leopardo y la laca.

Los riffs de este trabajo son especialmente bestiales: abre el disco We rock, cuyo guitarrazo básico podría parecerse al de Crazy train en versión tremebunda y nerviosa, seguido del demoledor The last in line, tiempo medio inspirado y machacón que es un puro clímax de principio a fin. De hecho, el disco empieza arriba y no llega a bajar casi en ningún momento, sensación que en parte es producida por la propia voz de Dio, siempre aguda y furiosa sin abandonar esa elegancia tan suya, y en parte por el grupo en pleno, que parece renacido de cierta modorra o confusión inicial. No es que toquen mejor que en Holy diver; es que, a mi entender, en este caso les luce mucho más cada arreglo, cada break, hasta el punto de hacer palidecer un poco el debut y dejarlo en una especie de honroso tanteo.

Como el disco se hizo en la época de los video-clips de cartón piedra, no podía faltar uno para la canción estrella, la que da nombre al disco. Este "vidrio", me llevaba a una catarsis del copón cada vez que lo veía en la tele, merced a la mezcla explosiva entre la abrumadora y sentenciosa solemnidad del audio y el cutrerío absoluto del vídeo, arrancándome escalofríos y carcajadas en singular macedonia, especialmente durante la coda. Desde luego, los 80 son una época para recordar. Recordemos, por ejemplo, a Dio poniendo cuernos y dándole en los huevos a un monstruo con una espada láser. Como os lo cuento. Por cierto, el prota del videoclip, que de esta grotesca manera es salvado de los malos por el propio artista (¡bieeeeen!), es un varón melenudo de unos 13 ó 14 años: ahí tenemos el target de este disco.

Tras las dos magníficas canciones que rompen el hielo, no veo especiales altibajos. La grabación no decae, como ocurre en tantas ocasiones, y el orden de los temas es la mar de correcto y te va llevando hacia delante, sin que te den ganas de bajarte del carro, hasta el correspondiente cierre más o menos místico, en este caso titulado Egypt (The chains are on). En definitiva The last in line es un pedazo de disco para el niño y la ninja, que ya no me dio por comparar con maravillas del pasado porque empecé a verlo como algo más evolucionado, que podía presumir de una calidad y un sonido propios por fin más acordes con el estilo que, para bien o para mal, se practicaba por doquier en esta época.

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