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Lyrics

A veces, cuando salgo a buscar los bueyes,
la edad me lleva, sin querer, a recordar
y aquellas leguas, hasta el hombre
me parecen mentira.

Había tan poco tiempo pa' contar
y tantaza cosa que contar,
había tanta energía pa' gastar,
tanta montaña que aserrar,
tganta tierra que sembrar.

Lyrics continue below...

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Había tanta pena que cantar,
había tanta noche pa' llorar.

Me miraba las manos y pensaba
que, a veces, parecían no ser mías,
miraba mi mujer, cuando dormía,
y pensaba que tampoco ella era mía.

Era del tiempo, como too,
del mañana que venía silencioso,
con su taza de café, media tortilla,
y la lluvia, a veces, vociferando ajuera
y apaliando el corral con sus varillas.

La leyenda hablaba de un entierro
que a veces brillaba por el bajo.
y yo quería encontrarme aquel entierro,
quería hallarlo, no pa' hacerme rico,
sino pa' no sentirme tan debajo.

Pa' no sentirme, algún día, viejo y despreciao,
pa' no tener que arrendar el corazón,
pa' poder hacer la rancha que quería
y comprarme una vaca y un pellón.

Así que una noche de San Juan,
salí a buscar el mentao entierro aquel que tanto hablaban
me llevé sólo una rama de la higuera, me acuerdo,
y una vela que el viento me apagaba.

Yo soy cristiano y tengo mi creencia,
pero esa vez no llevé ni escapulario,
se me había tupío la conciencia "tamien"
y me olvidé hasta los consejos del sagrario.

Yo creo que vale contar esa experiencia,
hallé la luz y el lugar bajo la higuera,
y escarbé y escarbé toa la noche
y no hallé más que piedras, piedras y más piedras.

Me hice pedazos las manos escarbando,
y lloré de rabia de rabia e impotencia,
y entonces me fijé que de mis manos
salía sangre roja, roja y fresca.

¿Hay tesoro más grande que las manos? me pregunto,
con ellas me agarré de la vida un día,
con ellas la gané y hoy la mantengo
y así mañana, mañana y cada día.
Compré montura pal' caballo y una vaca,
una vaca, linda, que ahora tiene cría,
como la Juana, que tamién está criando
un hijo chico pa' continuar la vida.

A veces cuando le hago su cariño,
por ahí, a mi nieto Juan José,
me miro las manos y la edad me hace acordarme
del enorme tesoro quel que hallé.

A veces, cuando salgo a buscar los bueyes,
la edad me lleva, sin querer, a recordar
y aquellas leguas, hasta el hombre
me parecen mentira.

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