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Biografía

  • Años de actividad

    1998 – presente (21 años)

  • Miembros

Lori Meyers es un grupo de pop-rock indie español, originario de la localidad granadina de Loja. Se formó a principios de 1998, cuando Antonio López (Noni), Julián Méndez, Alejandro Méndez y Alfredo Núñez rondaban los 16 años de media. Desde entonces el grupo ha pasado, tal y como cuentan, de sólo tocar Little fury things de Dinosaur JR (“no teníamos más canciones”) a convertirse en una de las apuestas más prometedoras del indie nacional del momento. Con su disco de debut, Viaje de Estudios (2004), el grupo presentaba una declaración de principios en toda regla: melodías de hondo calado, un carácter marcado y una soltura propia de los grandes, que venían a fundirse en un trabajo superior. Pocos debuts han sonado tan meditados y personales como el de la banda granadina. En él confluían una actitud fresca y desinhibida con una adscripción generacional clarísima. Una pista para rastrear entre las influencias clásicas y modernas de la banda: The Beach Boys, The Flaming Lips, Pixies, Los Brincos, Los Planetas y Teenage Fanclub.

Lori Meyers emprendían un emocionante Viaje de Estudios cuya segunda etapa arrancaba después desde su siguiente trabajo, Hostal Pimodan (2005): una versión contemporánea del hotel parisino que, en la primera mitad del siglo XIX, fue refugio de literatos, pintores, músicos y bohemios que impulsaron la transformación de la sociedad y la cultura, inaugurando definitivamente eso que se ha dado en llamar modernidad. En el Hostal Pimodan, los granadinos han convivido con Thom Monaham (productor de Beachwood Sparks, J Mascis, Pernice Brothers, o Devendra Banhart), que ha ayudado a explotar la libertad del grupo, en un segundo disco que invita a romper con todos los tópicos acerca de segundos discos. Junto a Monaham, invitados como Rick Denk (Velvet Crush, The Tyde), Mike Daly (Whiskeytown) o Blake Hazard sacan brillo a la herencia que el rock americano dejó a los de Loja. Una herencia que viene a unirse a su talento natural para reinventar la vertiente más preciosista del pop y el rock español de los 60 y 70 (El Aprendiz), patente en su manera de hacer canciones, en sus descaradas melodías (Dilema) y en una sorprendente capacidad para la armonía vocal (El mejor de sus trabajos), que en Hostal Pimodan sirve para dar salida a textos que empiezan a brillar con intensidad. Lori Meyers van más allá de los terrenos del estribillo pop, en estructuras poco convencionales que avisan sobre su enorme cantidad de recursos.

Cronolánea (2008) por Darío Manrique Núñez
“Por qué todo es tan difícil con lo fácil que es" (Copa para dos)

Así comienza la canción que cierra Cronolánea, el tercer disco de Lori Meyers. Jugando con la frase, da la impresión de que el grupo granadino hace que todo suene fácil, y no lo es tanto. Aún les falta una eternidad para llegar a los 30, pero tienen un aplomo increíble para escribir canciones pop con imperdible. No les estoy llamando punks, me refiero a esa capacidad para componer melodías que no se olvidan fácilmente y cantarlas con armonías inoxidables. Prueba, prueba a escuchar el estribillo de Copa para dos: es difícil deshacerse de él.

Para llegar hasta el disco que han decidido llamar Cronolánea (palabra compuesta de fragmentos de otras dos, adivina cuáles…), han tenido que pasar varias cosas. Sobre todo, han tenido que pasar dos años de recapitulación, de "frutos secos y cervezas para ser feliz", como canta Noni en Cúmulo de propósitos. Esta vuelta a las viejas costumbres era necesaria después de una temporada huracanada marcada por dos sorprendentes elepés (Viaje de estudios, de 2004, y Hostal Pimodán, de 2005), docenas de conciertos y alguna mala experiencia que es mejor no recordar. "Hemos estado dos años descansando, recuperando la vida social, pensando en el futuro y componiendo", cuenta Noni, que se ríe contestando afirmativamente ante la sugerencia de que el sofá y la consola de videojuegos que aparecen en la portada que ha dibujado Vanesa Zafra han debido de ser dos elementos muy usados en estos dos años.

Cuando se le pregunta a Noni que han estado escuchando últimamente, salen nombres como Frank Sinatra, Los Módulos, Bobby Vee, Beach Boys o Vinicius de Moraes. Curiosa mezcla: PlayStation y música artesanal de una era pretecnológica. Debe de ser por esa ambivalencia entre lo retro y lo moderno que Lori Meyers son capaces de calzar inocentes armonías vocales entre guitarrazos cósmicos en Luces de neón o pervertir con electrónica una balada beatleliana como Transiberiano (perdón por la digresión, pero al escucharla ya estoy viendo el vídeo: Noni, de traje blanco, tocando un piano de cola del mismo color, al estilo Imagine de Lennon…). Volvemos a lo mismo una vez más: hacer fácil lo difícil. Tampoco ha sido complicado sumar otra voz a la de Noni, pues Alejandro, guitarrista, canta en tres de las canciones, algo asumido con total naturalidad: "Creemos que quien compone el tema tiene un sentimiento especial para cantarlo".

Y llegaron al momento de grabar. Lori Meyers hacen gala de tener las cosas claras. ¿El estudio? "Uno cómodo y cercano". ¿Los hombres tras la mesa de mezclas? "Los que nos pudieran sacar un sonido muy americano". Así llegaron en octubre de 2007 a los estudios Gismo 7, en Motril, localidad costera a 70 kilómetros de Granada, para grabar con el productor Ken Coomer, cuyo pedigrí en el rock norteamericano está bien certificado tras tocar la batería en Uncle Tupelo y Wilco. "Pero no ha sido sólo Ken", aclara rápidamente Noni: "Ha sido también el ingeniero de sonido Charlie Brocco, importantísimo. Les hemos sacado más partido del que creíamos". Fueron 20 intensos días en Motril, por supuesto sin ver la playa… "Como un Gran Hermano, pero trabajando", bromea Noni: "Todo el mundo estaba en el mismo rollo, enfocado al disco, a piñón".

Cronolánea es el resultado de esos dos años y 20 días, un álbum que no supone un giro radical ni nada parecido, sino la cristalización del estilo Lori Meyers, un escalón más en el viaje que empezaron en Loja (Granada), hace ya más años de los que podría delatar su edad, Sergio, Alfredo, Alejandro y Noni. ¿Sus apellidos? No son necesarios: "Preferimos que no se sepa mucho del grupo". Queda claro, ahí están las canciones. Con lo fácil que es.

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