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Biografía

Pese a más de quince años de carrera, siete álbumes, una breve experiencia cinematográfica como director -el largo "Peau de Cochon"- y algunas bandas sonoras -la última la de "Pintar o hacer el amor" (Arnaud y Jean-Marie Larrieu, 2005)-, Philippe Katerine es un práctico desconocido en nuestro país. Considerado la tercera pata del estable banco del pop francés junto a Dominique A y Yann Tiersen, el músico de Nantes (como Ané) está todavía por hacer carrera entre nosotros. La última vez que lo vimos con vida en las estanterías fue en 2003, cuando Green Ufos editó el antecedente directo de Robots Après Tout, 8ème Ciel, un trabajo ecléctico, alucinado, muy humoroso y algo cultureta que incluso lo plantó en el FIB de ese mismo año. Y hasta ahí.

Robots Après Tout se edita a través de Barclay a finales de 2005, pero, inexplicablemente, tarda casi un año en cruzar los Pirineos (un martirio que ni el de Walter Benjamin huyendo de los nazis), distribuyéndose en España de la mano de PIAS. A lo que vamos: Robots Après Tout, más allá de sus alrededores -el artwork más descarado de la carrera de Katerine, la presencia puntual de su mujer y apadrinada Helena y la contribución del ex chandalrapper y ahora solopianista y productor Gonzales-, constituye la gran pirueta de Katerine y uno de los discos más divertidos de los últimos tiempos. Los coros que recorren "Etres Humaines", el surrealismo horario de "Borderline" -qué más quisiesen Stereo Total-, el remanso perfecto de "Numeros" o "Le Train de 19h" -Katerine vs Lou Vega vs trash-pop-, llevan al álbum hasta "Marine Le Pen", también conocida como "Le 20.04.2005", relato desternillante de una persecución ¿política?. El aire retro de Robots Après Tout, del que no habíamos hablado hasta ahora, alcanza la primera base con "100% VIP", parodia socio-musical pasada por el filtro de los Bee Gees, pero la carrera se completa de manera extraordinaria con "78.2008", futurismos a la Kraftwerk, sin que antes hayamos hecho parada en "Excuse-moi" (Excuse moi j´ai éjaculé dans tes cheveux à un moment inadécuate) y en la ciertamente prescindible "Patati Patata!".

Philippe Katerine ha cogido las máquinas y se ha hecho un disco que descansa cómodamente en lo festivo, con el que se puede bailar y reír y que no deja de lado su faceta más imaginativa, la del letrista mordaz. Un álbum divertido, hilarante por momentos, inteligente y bien coreografiado.

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