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Banda: Judas Priest
Album: "Rocka Rolla"
Año publicación:1974
Estilo: Hard Rock

Formación:
Rob Halford: Voz, armónica
K.K. Downing: Guitarra
Glenn Tipton: Guitarra, sintetizador, segunda voz
Ian Hill: Bajo
John Hinch: Percusión

Lista de canciones:
1. One For The Road - 04:39
2. Rocka-Rolla - 03:02
3. Winter - 01:46
4. Deep Freeze - 01:20
5. Winter Retreat - 03:27
6. Cheater - 02:57
7. Never Satisfied - 04:53
8. Run Of The Mill - 08:34
9. Dying To Meet You - 06:18
10. Caviar And Meths - 02:05

Con mucha ilusión y poco dinero, Judas Priest grabó su álbum debut durante la última semana de Junio y las dos primeras semanas de Julio de 1974, en los Olympic Studios de Londres, donde a sus afueras dormían de día en su furgoneta para entrar en éstos por la noche, puesto que a esas horas era menos caro. Rocka-Rolla vería la luz el 6 de Septiembre bajo el sello Gull Records, la leyenda empezaba a escribirse…

Altamente influenciados por las bandas que sacudieron la escena de la época (Led Zeppelin, Black Sabbath…), Judas Priest mostraron al público su hacer con un Hard Rock vitalista, aunque ya latiendo en su fondo, en muchos pasajes, la simiente de la sombra que proyectarían en su siguiente trabajo y en los venideros. También se dejaba oír un joven Rob Halford, que bebió de la misma fuente prodigiosa que ungiría las gargantas de los grandes Robert Plant y Ian Gillan, mostrando unos registros alucinantes, con tonos que se saltaban el pentagrama.

A su vez nacía en este álbum un idilio guitarrístico que no se rompería jamás, encontrando K. K. Downing a su polo opuesto, que por serlo, casaba perfectamente, hallando en Glenn Tipton el Yin de su Yang, la melodía que contrarrestaría la fiereza Blues de Downing, formando así una mágica sinergia que se haría legendaria.

El álbum abre con One For The Road, un corte de ritmo seductor, que te mete de lleno desde el principio en la atmósfera del disco, en su pulso, con esos distantes solos y su eco, evocador de una ambiciosa década para la música. El riff inocentón de Rocka-Rolla se nos aparece como una tierna travesura, arrancándose en un allegro rockero adornado por la armónica del joven Halford. Decir que el trabajo de nuestro escurridizo bajista, Ian Hill, era más notorio aquí que en posteriores producciones, contando en aquella década con una labor menos minimalista y distante que en el siguiente decenio, cuando emprendieron el sendero del cuero negro. Aunque en este tema en concreto no se da el caso de escucharlo explayarse, pero al menos se le nota que existe :-D .

Misteriosa se adentra en nuestra mente Winter, con una hipnótica aureola de ecos al reverso que acompañan al texto de Rob. Aquellas dos primeras líneas, ”Got no silver in my pockets, got no pillow for my head”, parecían recordar sus penurias en aquella ‘furgoneta-alcoba’. Ese oscuro mid-tempo enlaza con el caótico Deep Freeze, un escueto instrumental en el que la barra de trémolo de Downing es la dueña y señora, desahogándose en un vaivén de gritos y gruñidos para fundirse luego con el contraste de una suave balada, constada de una sola estrofa, la melosa Winter Retreat. En ella, el cantante da a conocer sus tesituras más diáfanas, culminando el tercer acto de los tres que conforman esta suite invernal.

El frenético Cheater, que nos impulsa con su nervio, repitiéndose el coqueteo de Rob con la armónica, como en el tema-título, y contando con un afanoso solo de Glenn. En su segundo verso dice Halford: ”I gripped the cold black metal, a loaded .44” . No es que fuera realmente profético, porque sabemos que habla de un arma, pero es curioso escuchar de boca de Halford la expresión ‘black metal’ en la primera mitad de los ’70.

El álbum entra en su hemisferio más trascendental, empezando por el señorial Never Satisfied, en el que un elegante riff de eminente y serio temperamento viste la voz de un imponente Rob Halford, que nos sume en su templanza y majestad desgranándonos la letra en tenues dosis, recreándonos en ese ’forever’, en ese ’together’, ese ’never’… que rematan cada uno su estrofa. Instrumentos y voz avanzan calmos pero imparables en una densa oleada de clase y disciplina musical, un tema muy adulto que ya daba pistas de lo grandes que iban a llegar a ser estos británicos a muy corto plazo. Excelente solo de Downing, que apasionado imprime fielmente el carácter, el genio del corte.

Run Of The Mill es una balada que habla de la inmisericordia del tiempo, que nos envejece. Iniciada por un nostálgico solo de Tipton, la canción se desarrolla apacible y melancólica, sólo interrumpida al final de cada estrofa por sutiles arrebatos guitarrísticos que dejan pequeñas lagunas de silencio. Tras el extenso solo de Downing, llega el momento de cerrar toda puerta y ventana al mundo exterior, para hacer nuestro, sólo nuestro, este momento que llega: Halford emerge entre los teclados con una línea vocal que parece compuesta por músicos del Cielo para la Voz de la Tierra, conmoviendo con su melodía, su eco, su entonación, pareciendo estar todo rodeado por un aura de divinidad, como una revelación, la revelación de una voz frente a un mundo entero que la desconocía. Pero cuando crees que esto no puede superarse, llega el éxtasis absoluto, con esos inalcanzables ’I can’t go on’ que lanza Rob, ondulando la trayectoria de su vibrato sin perder éste definición ni fuerza. Nunca he oído algo igual en un cantante, y creo que jamás lo oiré… Vox Invictus. La mejor labor de toda su futura carrera ya la hizo Halford en este primer disco, aún quedarían mil maravillas por disfrutar de él, pero ésta, es la opera magna, el mayor tesoro que derramó su garganta. Al menos en mi opinión.

Tras la intensidad de tal festín emocional, es turno para relajar nuestras almas con el reposado Dying To Meet You, una cura de oscuridad muy bien estructurada por un inspirado John Hinch a la percusión, y cantada en registros muy graves que dan una profundidad asombrosa al tema, donde Rob alarga la sílaba final de cada estrofa con casi el mismo efecto que influye la sagrada sílaba ‘Om’ hinduista. Pero esa calma y misticismo se transmuta en frenesí, pues cuando creemos estar ya levitando, la banda nos tira al suelo en un convulso riff y Halford pasa del grave al agudo, de lo trascendental a lo festivo, del canto fúnebre al trabalenguas. Tras un enfurecido solo ‘wahwesco’ de Downing y otra ración de verso por parte de Rob, con ese espíritu a lo Black Dog de los Zeppelin se despide el tema.

Caviar And Meths, escrita por su anterior cantante Al Atkins, originalmente era un tema épico de 14 minutos, contando con una extensa letra, pero por razones de duración del álbum fue sólo mostrada su intro, quedando así relegada a un breve instrumental. El tema consta de bellos arpegios acústicos que entretejen melodías al compás de una suave percusión, hasta alejarse de nosotros de la misma forma en que llegó en su eterno errar, buscando su letra perdida, dando así fin a esta opera prima de los de Birmingham.

El tiempo pondría en su sitio a estos desconocidos jóvenes que apostaron fuerte por un sonido fresco, como su portada, que de forma natural maduraría hasta llegar a su oscuridad y densidad idóneas, pues los ingredientes de este ‘refresco’ eran susceptibles de mejorar hasta encontrar un sabor propio. ¿Os apetece una Rocka-Rolla fresquita?.

EL primer LP de uno de los más grandes grupos del heavy metal fue editado en 1974 y ya con algunas de las señas de identidad de la banda, cuenta ya con Rob Halford a la voz, Glenn Tipton y K.K. Downing a las guitarras e Ian Hill al bajo, que estarían juntos hasta 1993, más John Hinch a la batería.
Adoptarían muy pronto un sonido propio basado en las afiladas y perfectamente compenetradas guitarras y la inimitable voz del "metal god" Rob Halford, que podría considerarse el comienzo del heavy metal tras las bases sentadas por Black Sabbath. Aun así en este disco se notan ciertas influencias psicodelicas de los grupos de los 60, sobre todo en el medley y en la excelente Run Of The Mill, junto a temas más rockeros como One For The Road o Rocka Rolla.

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