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Banda: Iron Maiden.
Titulo del Disco: "Seventh Son Of A Seventh Son".
Año de publicación: 1.988
Discografica: EMI Records.

Lista de canciones

1. Moonchild 5:41
2. Infinite Dreams 6:09
3. Can I Play With Madness? 3:31
4. The Evil That Men Do 4:34
5. Seventh Son Of A Seventh Son 9:53
6. The Prophecy 5:06
7. The Clairvoyant 4:27
8. Only The Good Die Young 4:42

Seventh Son of a Seventh Son es el séptimo álbum de estudio de la banda británica de heavy metal Iron Maiden, lanzado en 1988.

Se trata de un álbum conceptual acerca de la historia de un vidente; el séptimo hijo de un séptimo hijo, que tendría facultades psíquicas como la clarividencia y otras mancias.

Cada canción relata un tramo de la vida de este personaje, desde el nacimiento "Moonchild", el descubrimiento de sus poderes y su destino "Can I Play with Madness" y su inminente muerte "Only The Good Die Young".

Al igual que en su álbum anterior, Somewhere in Time, prevalece el uso de sintetizadores que durante la gira fueron ejecutados por el técnico asistente de Steve Harris, músico e ingeniero en sonido; Michael Kenney.

Si bien el álbum es conceptual, las letras de las canciones también contienen de forma implícita cierta crítica social y política más característica de otros álbumes de la banda.

Este álbum es considerado como una de las grandes obras maestras de Iron Maiden, y que permitió redefinir el Heavy Metal, todo lo cual se vio coronado con el más grande Monsters of Rock de todos los tiempos realizado en Inglaterra.

Suaves acordes acústicos acompañan a un Dickinson que casi susurrando nos adentra en el relato, la profecía del séptimo hijo. Poco a poco emerge un mantra de guitarras donde florece súbitamente un kaleidoscopio sonoro de fluidos teclados. El “Hijo de la Luna” cobra vida: ”Yo soy Él, el no-nacido…”. Uff… los vellos se erizan ante tal anunciación de una de las más grandes voces de este universo eléctrico.
La áspera saña con la que pasea la letra por el pasillo de las guitarras es infernal, hasta que vigoroso lanza su torrente al aire en el estribillo… soberbio estribillo… soberbia garganta.

Infinite Dreams es sin duda uno de los platos fuertes del disco, con todo lo que se puede esperar de Maiden, vaivén de cambios, solos y melodías, con una labor vocal de Dickinson impresionante, ¡¿cómo se puede coger aire de tan seguidas estructuras que no recuerdan ellas que tú respiras, y en todo momento insuflar tal poder?!

El Hit Single de la obra es coreado a capella antes de que surja la música. Un tema algo comercial pero con un cierto aire gamberro, rockero.

El tema que bautiza al álbum, es una de las más grandes y ambiciosas composiciones de los de Harris, pero a todos los niveles, a nivel de percusión, de guitarras y de voz. Esos coros de Bruce, que son alargados con bellas trayectorias al tiempo que designa su pecho de bóveda; el calmo y enigmático interludio que nos deja en estado cataléptico, recitando Bruce en medio de esa oscura dimensión que abren los teclados; hasta que después de un épico puente, una virtuosa cabalgata se desboca en sucesiones de solos y melodías que hacen de ese desenlace de Seventh Son el mejor momento instrumental de todo el álbum, y quizás de la discografía de estos británicos.

La extraña dinámica de The Prophecy, con ese Bruce Dickinson que se interrumpe a sí mismo , hasta que el corte se despide con una cristalina melodía acústica que hipnotiza al oyente, hasta que los dedos mágicos de Harris nos llevan a la siguiente pista, The Clairvoyant. Vaya empuje que tiene el estribillo y los alocados solos que se marcan.

Y el final llega con el entrañable Only The Good Die Young, que se adentra con elegancia en una melodía , empujada por ese chasqueante barullo del bajo de Steve, que después del solo de guitarra se marca él el suyo propio para volver a la melodía inicial del corte. Estribillo sobresaliente.

Después de un apoteósico final con sabor a directo, se cierra el círculo, vuelven los acordes que abrieron telón para cerrarlo: ”Siete pecados mortales, siete formas de ganar…”. Ellos sólo tienen una forma de ganar: Ser ellos mismos… Y siempre fue así, fuera con la controversia que formara su inquietud musical (como la que generó este disco por el tema de los teclados y su dudosa o no naturaleza conceptual) o con sus etapas más aceptadas por su público más clásico.

Formación:

Steve Harris - Bajo
Bruce Dickinson - Voz
Dave Murray - Guitarra
Adrian Smith - Guitarra
Nicko McBrain - Batería

En 1988, Iron Maiden sacarían al mercado su último LP con la formación más clásica, ya que al año siguiente el guitarra Adrian Smith cedería su puesto a Janick Gers.
Su sonido es una mezcla de los anteriores Poweslave y Somewhere In Time, con algunos temas un poco más tranquilos.
Así pues al lado de sus clásicas y melódicas guitarras dobladas había un colchón de teclados en varios temas y un sonido de guitarras cercano al anterior disco. Sería además su único disco conceptual, girando toda su temática en la eterna lucha del Bien y del Mal, y contenía temazos como la agresiva Moonchild, los clásicos Can I Play With Madness y The Evil That Men Do, la relajada Infinite Dreams o el majestuoso tema-título.

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