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  • Amaral. Palacio de Congresos. Zaragoza (6 octubre 2011)

    22 Oct 2011, 15:21 by galko00

    Jue 6 Oct – Amaral
    Fotos, setlist y más cositas en
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    Tres minutos de aplausos en pie y quince de reloj firmando lo que haga falta y fotografiándose con propios y extraños. Básicamente, con propios. Suena Moon river, de Henry Mancini, mientras alguien del público grita: "Ven, corre, colgamos esto [la foto de marras] en cero coma [dios sabe dónde]". Segundos antes han llegado varios ramos de flores hasta el escenario, tanto para Eva como para Juan. Al fin el público se ha levantado, ha aplaudido y ha coreado, perfectamente ordenado desde sus butacas, por el deleite de dos horas de un concierto de Amaral que acaba de concluir. Estamos en Zaragoza, en el la presentación del disco Hacia lo salvaje.

    "¡Buenas noches, maños!", gritó Eva nada más finalizar Hacia lo salvaje, primera de la noche y primer sencillo de su nuevo álbum homónimo, número uno en ventas con más de 30.000 ejemplares despachados en su primera semana, algo milagroso en los tiempos que corren. "Sabemos que sois los primeros que fueron a por las entradas. Para vosotros es especial, pero para nosotros lo es aún más", planteó la cantante después de arrancar el primer recital de una serie de cinco que, desde el día 6 hasta el 10 de octubre, van a ofrecer en Zaragoza. A 1.400 personas por noche, te salen 7.000 personas en total. Y se están planteando para la próxima primavera probar en el Pabellón Príncipe Felipe (también en Zaragoza, su ciudad natal), al menos dos noches, a 5.000 cada una.

    Pero volvamos al lugar que nos ocupa, el Palacio de Congresos, un recinto frío que, en un primero momento, parecía haber contagiado su gelidez a los asistentes. Y cuando empezabas a sospechar que nada especial iba a ocurrir, ay, Moriría por vos puso al público en pie. La voz de Eva lo llena absolutamente todo y dirige la noche hacia donde haga falta. Estrella de mar sonó a New year's day, de U2, de una manera tan obvia que incluso su intérprete paseó entre el público a lo Until the end of the world -tema de Achtung baby, también de U2, que cumple ahora 20 años-, como siempre hizo, hace y hará Bono. En plan chulesco pero muy humano. Repentinamente, todo el mundo tenía una cámara con la que inmortalizar su alma, aún pasajera.

    Amaral tocó todas las canciones (12) que componen su sexto disco de estudio, Hacia lo salvaje. Recibidas con más o menos entusiasmo, sonaron por encima del resto las guitarras de Esperando un resplandor, Montaña rusa o, ya en los bises, Como un martillo en la pared. Más allá de "la máquina del trueno", como Juan definió a su incontrolable y problemática pedalera de guitarra, gustaron especialmente la sublime Riazor y la entrañable Cuando suba la marea.

    Las puertas del infierno, No sé qué hacer con mi vida y una Big Bang en plan ZZ Top cerraron una parte del concierto que fue de menos a más, y que paró en seco con la bonita pero tal vez prescindible Robin Hood. Ahí Juan se equivocó con la introducción y se puso mohíno hasta que Eva terció con un lapidario "te queremos igual". El público seguía sin arrojarse contra el escenario cuando sonó Cómo hablar, una de las canciones más coreadas de la noche.

    Ni bailongo ni desenfrenado, el respetable quiso, sin embargo, intercatuar, y lo hizo a la brava. Gritando y que sea lo que dios quiera. Se escucharon cosas como: "Me gusta tu vestido" o "cántate la jota de Moriría por vos". Después de un diálogo básicamente raro sobre este último asunto, Eva recordó que estaban en casa, "en familia", y pidió un aplauso para su técnico de sonido, Miguel Tapia. Bien merecido.
    Después de una presentación más que notable de En solo un segundo, pausa para los bises y vuelta a la carga con Kamikaze, que puso, esta vez sí, al tímido público sobre sus butacas e incluso correteando en los vomitorios. Todos contamos los unos con los otros, eso está meridianamente claro, igual que uno no es nada sin el de la izquierda y el de la izquierda nada sin el de la derecha. Si no las agarras bien las llaves de casa se caen al suelo, curiosamente sin hacer ruido. Y encima quedaba un bis al grito cuasi unánime de "¡olé, maños, olé!".

    La gente gritó y gritó y coreó y reclamó: "¡Que hable Juan, que hable Juan!". Insistieron un poco, no mucho, hasta que el seriote se quitó el pinganillo y explicó la movida: "Es que estáis hablando todos a la vez". La carcajada general solapó la explicación de aquel músico que no podía escuchar porque estaba centrado en sus guitarras, no muchas, todas ellas Gibson, preciosas. "No, ya en serio, estamos muy agradecidos por la acogida del disco. Queríamos tocar en sitios pequeños, aunque esto no es tan pequeño", planteó, ante la nueva risotada general.

    Como un martillo en la pared no es precisamente la canción más acertada de su último trabajo, pero al menos resultó suficientemente eléctrica para afrontar el tramo final con la mega coreada El universo sobre mí y la definitiva Revolución. Han pasado exactamente dos horas, 24 canciones, algunas penurias sónicas para Juan, y muchas emociones a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, donde y sobre las tablas. Apenas dos horas antes sonaba la Velvet Underground con un mensaje claro: All tomorrow's parties. ¿Y las fiestas de hoy, quién las cuenta? Quedan cuatro días de Amaral y empiezan los pilares...
  • Beady Eye. La Riviera. Madrid (18 marzo 2011)

    19 Mar 2011, 09:00 by galko00

    Vie 18 Mar – Beady Eye, Stay

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    http://mercadeopop.blogspot.com/2011/03/beady-eye-2011-sala-la-riviera-madrid.html

    Impresiona y casi asusta ver a Liam Gallagher sobre un escenario sin su hermano Noel haciendo las veces de pertinaz escudero. Por mucho que ahora esté flanqueado por los también ex Oasis Andy Bell y Gem Archer, y por mucho que tenga un carisma dinosáurico e irrompible a prueba de balas, a Liam le falta algo. Le falta su némesis. Es como ver a Axl Rose sin Slash, con la salvedad de que en este caso nadie hace un uso extraño del nombre original, detalle este que suaviza las cosas.

    Sea como fuere, esta noche Beady Eye (que así se llaman ahora) han presentado ante una abarrotada y ya de por sí entregada sala La Riviera su primer disco, 'Different Gear, Still Speeding', un trabajo sorprendentemente fresco y directo, que escapa deliberadamente de la monstruosa épica de las últimas grabaciones de Oasis. Suena vigorizante y eso no puede ser casualidad.

    Con ilusiones renovadas, el malencarado frontman ha cumplido su palabra y no hubo esta noche recuerdo para el pasado de la legendaria banda británica. No parece el menor de los Gallagher de esos que cierran una etapa y luego están constantemente mirando hacia atrás. Sí lo hace, descaradamente además, en el terreno musical, donde el pop británico de los sesenta y setenta sigue siendo el eje vertebrador de las nuevas canciones, incluso con momentos cercanos al plagio como ese 'The Roller' que se parece en exceso al 'Instant Karma' de John Lennon. ¡Pero si incluso tiene una canción que se llama 'Beatles And Stones'!

    Homenajes y semejanzas a parte, fue apagar las luces y comenzar a volar las cervezas (minis llenos de a 10 euros desperdiciados por la intensidad del momento, vivir para ver) a modo de bienvenida entre un público en gran medida foráneo y totalmente entregado con Gallagher, quien partía con la ventaja ganada de antemano del favor de una sala no desistió en ningún momento en su entrega al ídolo bajado desde los altares. Incluso al foso bajó a saludar. ¿Quien demonios era el de la muñeca hinchable? Ella también voló, claro.

    Empezaron con la electrizante 'Four Letter Word' y ya desde este momento se pudo ver a un Liam Gallagher mucho menos estático que en su última visita con Oasis y que incluso se atrevió a tocar la 'guitarra imaginaria'. Se rumorea que hay quien hasta le vio sonreir. Y bailó, eh, un poquito, bailó, movió las caderas dentro de su abrigo tres cuartos, a todas luces inapropiado para el calor del lugar. Bastaron un par de minutos para constatar que La Riviera es un recinto que se le queda pequeño a una de las últimas (tal vez la última, de hecho) estrellonas del pop británico, cargado de una pose molona muy bien aprendida. No sabemos muy bien por qué, pero nos acordamos de Zoolander...

    Entre pose y pose, unas canciones más movidas ('Bring the Light' y 'Standing on the Edge of the Noise' me flipan) y otras más melosas (de estas me flipan menos). No hace falta describirlo, aunque sean una banda nueva ya sabes en realidad de lo que hablamos. Lo has escuchado antes y, lo mejor de todo, es que te ha gustado. Además, seamos francos, aquí el personal ha pagado para ver a Liam de cerca, por el morbo de ver a este tótem en un lugar al que no pertenece. Cualquier cosa que haga estará bien. Como tocar 55 minutos largos, ¿ves?

    Mientras me río con una cerveza en la mano un tipo se me acerca y me dice que en su camino al baño soy la quinta persona que ve bostezando. Le explico que en mi caso está en un error y le ofrezco bebida en gesto de hermandad. Parece que queda conforme. Porque de la misma manera que no se sabe si un disco es bueno o no hasta que se escucha al volumen apropiado (a poder ser con los vúmetros en rojo) en el equipo adecuado, no puedes saber si un grupo es bueno hasta verlo en directo. Y Beady Eye son un buen grupo con un buen disco. No hay tantos que puedan presumir de esto.
  • White Lies. Sala Heineken. Madrid (16 marzo 2011)

    17 Mar 2011, 11:46 by galko00

    Mie 16 Mar – White Lies, Crocodiles, Transfer

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    Ya no hay mentiras en White Lies. Ni blancas ni negras. Sus intenciones de dominación mundial están claras y su consecución podría ser inminente. Una sala abarrotada con entradas agotadas y unas primeras filas bien apretadas son innegables indicadores de que estamos en un camino ascendente. La única pregunta que cabe hacerse es si se trata de un puerto de categoría especial o nos quedaremos en unas rampas más modestitas.

    Después de haber visto a Coldplay y Muse en La Riviera y salir afirmando que iban a llenar pabellones y estadios, uno acude a determinadas citas con el deseo de revivir esas viejas sensaciones de éxito prematuro, con el deseo de presenciar algo que después podrá contar enseñando los galones con indisimulado pavoneo. La de ayer no fue una de esas realmente, pero estuvo bien cerca.

    Obviamente la sala Heineken es más pequeña que La Riviera, con lo cual la rampa de lanzamiento ya es de por sí menor, pero sí hubo muchos indicadores de que White Lies ya no pertenecen al circuito de salas medianas. Excitación entre el público, brazos en alto, rugidos voraces, coreos estruendosos de ojos cerrados. Cierto que no todo el mundo se sabe las letras. Tuvimos primero detrás a unas chicas que obviamente cantaban en un inglés inventado, lo cual siempre provoca risa pero a la par es perturbador. Pronto las cambiamos por otras de impecable pronunciación, gracias al cielo.

    Con únicamente dos discos bien redondos (no siempre fácil de lograr esto), la primera constatación es que el repertorio es intachable. Un temazo tras otro. Enumerarlos es absurdo porque están enumerados un poquito más arriba en esta misma página, pero sí es preciso destacar nuestro preferido, 'Holy Ghost', que convirtió el lugar en algo especial gracias a unos arreglos densos y potentes. 'E.S.T.' también brilla sobremanera. Luego ya las que todo el mundo esperaba, los singles, impepinables, arrolladores.

    La banda, estática por necesidad debido a un escenario pequeño y repleto de pedaleras, cables y cachibaches varios, se concentró en tocar y poco más. Sí hubo, apuntémoslo, algunas arengas por parte del cantante, ligeramente toñín en su aspecto pero de atronadora voz, siempre bien recibidas por el respetable, deseoso de demostrar su fervor. Ambas partes, músicos y público, conectaron desde que el balón comenzó a rodar y hora y media después se despidieron deshaciéndose en elogios mutuos.

    No han inventado nada y en realidad son una batidora que mezcla cosas que has escuchado una y mil veces. Pero vamos a enumerarlo en cualquier caso: Depeche Mode, Joy Division, Muse, Interpol, Editors y algunas líneas melódicas en plan Killers. Todo ello amalgamado con la siempre necesaria épica desbordada. Se les acusa de falta de personalidad, pero a cambio ofrecen canciones sobresalientes. Con estos ingredientes y un poquito de talento triunfar siempre tendría que ser coser y cantar. Sobre todo cantar. A poder ser en un idioma de este mundo, por favor. Nos vemos en Murcia, nos vemos de nuevo en el SOS. Ya hay ganas
  • Quique González. Florida Park. Madrid (12 febrero 2011)

    13 Feb 2011, 01:20 by galko00

    Sab 12 Feb – Quique González

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    Estoy enamorado. Ella es rubia, es morena, es pelirroja. Es alta, es bajita, es delgada, tiene sobrepeso. Trabaja de camarera, en una lavandería, en un hotel haciendo las camas que otros deshacen. Hace autostop, le gusta conducir su Chevrolet, le gusta el juego. Bebe en exceso, es abstemia. En realidad es un hombre. Son varios. No. En realidad estoy solo, abandonado, apaleado. Jugué a ganar aún sabiendo que iba a perder. Lo tuvimos tan cerca que nunca lo vimos. Lo perdimos tan fácil que valió la pena. Sólo me quedan toneladas de canciones tristes para regocijarme en mi mierda.

    Sólo me quedan las canciones de Quique González, pues el dolor también merece su banda sonora y hace más dulce el sufrimiento. Feliz de haber vivido aunque haya perdido. Feliz de haberme expuesto aunque me haya estrellado yo solito esta vez. Y porque sigues aquí aunque tu no lo sepas. Al menos yo te siento, te veo, te hablo. No sé donde estás, pero te he encontrado, no te voy a dejar escapar. Y a mi todavía me queda rocanrol en el pecho.

    Porque mientras ahí fuera el mundo se poligoniza y nos atacan las chonis por todos los puntos cardinales, sólo en el universo de estas canciones me siento seguro y a salvo de la crueldad, la ruindad y la chabacanería. El mundo es, a grandes rasgos, un lugar incómodo y en estos tiempos inciertos es todo un lujo que exista gente sencilla y talentosa, gente que sigue su camino, gente normal, gente auténtica, gente tímida, gente maja, en definitiva, que no mide sus victorias en dólares y que precisamente por eso no existen para la gran mayoría.

    Gente que no quiere jugar con las cartas marcadas. Gente como Quique González. Gente honesta que cuenta historias personales pero que son de todos. Historias que se escriben en los portales, en los callejones, en hoteles sin alma, en asientos traseros, en solitarias barras de bar plagadas de perdedores. O en las interminables y áridas carreteras secundarias americanas, pues es allí donde este chico debería haber nacido. Mejor aún le iría y seguramente sería ya una deidad de la música de raíz americana que impregna su cancionero de pé a pá. Pero ay, oriundos de Nashville, os jodéis, Quique es madrileño. Es de los nuestros.

    Ya antes de salir al -¡oh!- casposo escenario del Florida Park demostró por qué es uno de los músicos más reconocidos y queridos por los propios músicos, acompañando a su artista invitado, su amigo César Pop, en una de sus canciones. Para delirio del personal, por supuesto. "Nos vemos en un ratito". Y la espera es ya mucho más llevadera. Apenas quince minutos después ya estamos en materia con 'Suave es la Noche'.

    Se apagan las luces y este lugar extremo y absolutamente kitsch se convierte, por qué no, en el más apropiado del mundo para pasar el sábado noche. Simplemente porque estamos juntos en esto. Porque lo que más nos une no son las redes sociales, sino el sufrimiento, el penar, los malos momentos. Y hoy todos cantamos para exorcizar demonios. Los que no tienen nada que sanar juegan a mostrar heridas inexistentes. Es que sólo así adquiere todo su sentido la canción triste del daiquiri.

    Suenan cumbres como 'Kamikazes Enamorados', 'Vidas Cruzadas', 'Salitre', 'Nadie Podrá con Nosotros'. Es fascinante ver a un millar de personas gritando a la vez "y todo hueeeleeee bieeeen" debajo de una lámpara de lágrimas de cristal de por lo menos cinco metro, cuatro bolas de discoteca y dos palmeras de plástico. Pero más fascinante aún es que en la siguiente canción todo el mundo pida silencio (no es la primera vez) con potentes sssschhh para deleitarse debidamente con esa joya estremecedora que es 'De Haberlo Sabido'. Esta noche se canta pero también se escucha. Y nos retumba dentro.

    Vamos de nuevo al jolgorio con 'Hotel Los Angeles' y 'Miss Camiseta Mojada', para después adentrarnos en unos generosos bises con las imprescindibles 'Cuando Éramos Reyes' y 'Los Conserjes de la Noche', la maravillosa 'Pequeño Rock n Roll', y finiquitamos con un coro masivo en 'La Luna Debajo del Brazo'. Bueno, en realidad esto no acaba porque hay decenas de agradecimientos, de abrazos sobre el escenario, de fotos, de saludos moviendo los labios.

    No hay ganas de acabar una gira tan exitosa como esta 'Daiquiri Blues'. Pero sí hay ganas de meterse en un garito de esos forrados de eskay, enmoquetados hasta el techo, camarero con chaleco, clientela curtida y bien vestida. La noche está casposilla y hay que profundizar. ¿Qué quieres, chico? No sé si un daiquiri o dos gintonics a la hora de la pena... ¿pero puede usted ayudarme a que ella encuentre la forma, de alguna manera, de quedarse conmigo y volver a reirse de veras? Son 9 euros. Barato me parece, ¿le puedo pagar con tarjeta para que quede constancia de que lo intenté?
  • Skunk Anansie. La Riviera. Madrid (9 febrero 2011)

    10 Feb 2011, 10:06 by galko00

    Mie 9 Feb – Skunk Anansie, the virginmarys

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    Si Skin fuera mi uróloga yo tendría la próstata como la patena. Porque acojona llevarle la contraria, porque aquí se hace lo que ella dice y todo el mundo a cerrar el boquino, y si ella, como profesional médica, quiere citarme cada día para revisarme en salva sea la sensible parte, yo otra cosa no puedo hacer aparte de pedirme el día libre en el trabajo para acudir a la cita con la cabeza gacha. Todo sea por no llevarle la contraria a este animal descontrolado. Angelote caído enfundado en cuero negro cachondón, guau. Mejor no conocerla enfadada.

    Aunque su reunificación en 2009 con disco de grandes éxitos y gira tras ocho años en el dique seco fue recibida con escepticismo por sus seguidores por aquello del 'todo por la pasta', pronto quedó claro que Skunk Anansie no son de ese tipo de gente. De hecho, probablemente son la única banda de rock de los noventa que puede regresar una década después y hacerlo mejor que entonces, retomando su carrera en el punto exacto donde lo dejaron, aunque, eso sí, todos, ellos y sus seguidores, diez años más viejos. Y más sabios también.

    No hizo falta más que la apertura con 'Yes It's Fucking Political' para aclarar que el tiempo pasa para todos menos para la felina vocalista británica Skin. Y es que, ante un público básicamente treinteañero y forjado musicalmente en aquellos años noventa del rock alternativo en los primeros puestos de las listas de ventas de medio mundo, Skin ha demostrado que 43 inviernos no son nada para ella que mantiene intacta su capacidad de atraer todas las miradas gracias a un incontestable carisma, sus movimientos de fiera enjaulada y una voz capaz de alcanzar registros estremecedores.

    La de este miércoles fue la tercera actuación de Skin, Cass, Ace y Mark en La Riviera madrileña, después de las de 1999 y 2009, probablemente siempre con el mismo núcleo de seguidores a lo largo de los años -pocas caras nuevas verán en esta nueva etapa entre su público-. Ahora presentan su reciente cuarto disco de estudio, 'Wonderlustre', el primero en una década y que confirma que están de vuelta para quedarse y disfrutar el momento. Nuevas composiciones como 'My Ugly Boy', 'God Only Loves You', 'Over the Love' o 'You Saved Me' así lo atestiguan.

    Nuevas canciones que, como suele suceder, fueron aplaudidas pero recibidas con cierta tibieza si se compara con sus mayores y más coreados éxitos, tales como 'Hedonism', 'Brazen (Weep)', 'I Can Dream', 'Baby Little Swastikka' (con la que cerraron), 'Twisted', 'Secretly', 'Hedonism' o 'Weak', todos ellos de sus discos 'Paranoid & Sunburn' (1995), 'Stoosh' (1996) y 'Post Orgasmic Chill' (1999).

    Su prematura separación cuando estaban en clara progresión dio al traste con sus posibilidades de acceder a la primera división del rock mundial, pero hoy por hoy Skunk Anansie siguen ofreciendo un espectáculo vigorizante y revitalizador como pocos, siempre navegando entre la ruidosa furia desatada de sus temas más agresivos y otros momentos más tranquilos aunque de épica tampoco nada contenida.

    ¿A vosotros no os pasa que en ocasiones asistís a una demostración de talento tal que tenéis que hacer verdaderos esfuerzos para no tiraros al suelo a gritar y patalear de la emoción? Sucede que cuando Skin canta, hay instantes en los que todo se nubla, de repente se te cae la cerveza al suelo porque las manos no te responden, te flaquean las rodillas, te palpitan las sienes y te sientes la única persona en el mundo. Te sientes afortunado por poder vivir un momento tan sublime, pero también ciertamente enano por estar en esta vida de paso sin poder ofrecer algo ni de lejos tan hermoso al resto de los mortales.

    Con 'Baby Little Swastikka' finiquitaron una actuación de algo más de hora y media de duración que obligó a los asistentes a emplearse a fondo para seguir el frenético ritmo marcado desde el escenario por una banda tan fiable como un Renault 5 de 1987, cuando los coches se fabricaban para durar para siempre. Como para siempre pueden durar también Skunk Anansie a poco que se lo propongan, pues cuerda para rato tienen. Y su público tan contento de acompañarles a lo largo de los años.

    Pero no puedo menos que mencionar aquí y ahora a mis amigos Vanesa y Antonio, con quienes en su momento descubrí esta banda y con los que compartí colegio, instituto, universidad y entorno laboral. Anoche, siempre sabios, apostillaron: que esto era como estar en los noventa, como si el tiempo no hubiera pasado, como un viaje al pasado, y que está muy feo que no toquen 'Intelectuallise my Blackness' ni 'Selling Jesus'. Pero yo, tía, de alguna manera te voy a querer siempre. Aunque no me toques 'Squanded'.
  • M-Clan. Joy Eslava. Madrid (22 diciembre 2010)

    23 Dec 2010, 05:27 by galko00

    Mie 22 Dic – M-Clan

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    No es ya que Carlos Tarque sea el mejor cantante de este país, es que me pone. A ellas les pone, a ellos les pone. Por eso todos aplaudimos y alzamos los cuernos. Cada vez que fuerza la garganta nos tiemblan las rodillas. De siempre. Pero es que incluso gana con la edad y, ahora, recién entrado en la cuarentena, su garganta y las palmas del público se entienden tan de puta madre que incluso el colega podría salir al escenario él solo y ofrecer conciertos de dos horas que atesorarían más talento que todo lo que en un día publica cualquier webblog ultra indie. Sí, hablamos de Jenesaispop. Pocos en la Joy conocían de su existencia ni falta que les hace.

    Pero aunque hipotéticamente no lo haría falta una banda para petarlo, por suerte para todos sí que la hay. No los M-Clan originales, pues de lo que era el clan de los murciélagos a principios de los noventa ya sólo quedan dos miembros fundadores -él mismo y el guitarrista Ricardo Ruipérez-, pero sí un grupo de músicos que defiende su sólido repertorio con una solvencia incontestable, y que este miércoles se presentó en la Joy Eslava en la primera de sus dos noches con entradas agotadas.

    Estos dos conciertos madrileños forman parte de la exitosa gira de presentación de su sobresaliente último álbum, 'Para No Ver el Final', muy bien acogido por sus seguidores, incluso por aquellos que les perdieron la pista tras acercarse peligrosamente al pop radioformulable con el cambio de siglo. El reencuetro con la facción más tali-rockera comenzó a fraguarse en 2008 con la publicación del no menos notable 'Memorias de un Espantapájaros', donde quedaba claro que la cabra tira al monte después del todo. Vamos, que donde hay guitarras hay sangre, lágrimas y esputos.

    Y es que tras casi dos décadas de trayectoria lo que hoy por hoy ofrece M-Clan es un espectáculo de alto voltaje basado en el carisma y el talento de un vocalista arenoso, rasgado y descarado como nadie, que se apoya en un buen puñado de estribillos corales absolutamente disfrutables (si te quedas en lo de las versiones, tu te lo pierdes). Todo ello presentado como un regalo deliberadamente clásico en el que cabe lo mejor de la tradición del rock, el blues y el soul de los setenta. Ojo, que parece sencillo, pero ni de coña.

    Empezamos con 'Calle Sin Luz', 'Para No Ver El Final' (te recordaré en noches como esta y me sentiré tan solo) y 'Basta de Blues', tres trallazos que ni Mark Lenders sabría de donde le han salido. Buena suerte es que nos quitamos de un plumazo dos versiones, la siempre anodina 'Llamando a la Tierra' y la algo más acertada, quizás por menos trillada, 'Maggie May'. Buena suerte también es el recuerdo a ese viejo rock sureño que nadie jamás ha hecho así en este país: 'Perdido en la Ciudad' suena a gloria para los urbanitas de chupa de cuero y botas de punta. Oh.

    'Las Calles están Ardiendo' sigue sonando tan absolutamente brutal como en la anterior gira, tal vez incluso mejorada con unos amagos de bajo que recuerdan al 'Highway Star' de Deep Purple. Por si eso fuera poco, entre medias nos arrojamos al Baba O'Riley de los Who para delirio de un personal que ya no sabe ni por donde le vienen los sopapos. Entre tanto, recuerdos constantes, algunos de palabras otros gestuales, para el recientemente fallecido Pascual Saura, quien por siempre será el sempiterno bajista barbacas de los Clan. Imperturbable y eficaz siempre, que es mucho.

    Se demuestra en vivo que coplas tan enormes como 'Se hizo de noche cuando te conocí' o 'Hasta que se acostumbre a la oscuridad' nacieron de por sí para ser tocadas en vivo, máxime en estos tiempos en los que registrar la música en soporte alguno es absurdo. 'Ahora' suena brutal y descubrimos a un Tarque que lleva toda la jodida noche enfadado con su pinganillo pues no hay manera de que el colega se escuche decentemente. Se lo quita, se lo pone, se lo quita, se lo pone. Por supuesto, no faltan las bromas: "un saludo a los de arriba... pero ahí dan garrafón, no vuelvo a beber en la Joy!", grita, para acto seguido apretarse un algo de un vaso de tubo con color de brugal con cola light.

    Hay que perdonárselo porque ya se sabe que las gargantas privilegiadas rascan mejor, mamá, cuanto más humo y más alcohol atesoran. 'Roto por Dentro' suena como esa copia previa a 'Me Voy a Dejar Llevar', pero no se lo digais a nadie, que se chivan. Llegan luego los bises y sale el tipo que mejor vive en el rock de este país. "Menuda guitarra tiene el hijoputa", grita aquel para saludar al ubicuo Carlos Raya, que se pone las botas con Fito y todavía tiene tiempo de divertirse con los murcianos. Juntos tocan la canción que no puedo ni comentar ni nombrar ni nada, mierdo a encontrarte de repente, miedo a que me tengas miedo. No eh, tu no, nunca.

    Enfilamos ya todos de la mano como buenos hijos del metal la recta final de un concierto que, no me lo puedo creer, tiene posibilidades de acabar sin Carolina. Eso sí serían pelotas, claro que sí, ya lo voy gritando, aunque no confío en mis posibilidades. Suena 'Quédate a Dormir', que es la canción que allá en hace diez años una noche en La Riviera me dejó impactado y me hizo ir a la mañana siguiente al Madrid Rock de Gran Vía a comprarme el 'Usar y Tirar'. Cruzo los dedos y casi suplico que se enciendan las luces. He visto tantas veces a M-Clan que me siento con derecho a exigir que hagan justo esto: olvidarse de Carolina y ofrecer, a cambio, el mejor repertorio rock que hoy por hoy nadie puede poner sobre la mesa entre los Pirineos y Algeciras. Las luces se encienden, saco siete euros y me pido un ron cola que me sabe a gloria, cabrones. Dios os bendiga.
  • Raphael. Teatro Compac. Madrid (11 diciembre 2010)

    12 Dec 2010, 16:14 by galko00

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    Se suponía que en el siglo XXI los coches volarían sobre la Gran Vía sin tocar el asfalto con sus ruedas y estaríamos ya desde hace tiempo invadidos por los marcianos pero, oh no, resulta que en lugar de eso Raphael sigue llenando teatros en el centro de la ciudad cantando tangos, boleros y rancheras durante 150 minutos por noche, 16 concretamente, el muy cabrón, con sus santos cojones.

    Porque se apagan las luces y sale a capela a cantarnos que ahora está mejor que nunca, que ahora nos quiere más, que ahora se quiere más, que ahora puede hacer lo que le dé la gana. Razón no le falta pues sin solución de continuidad despacha 'Mi gran noche' y 'Digan lo que digan' y el teatro se viene abajo. Hay quien saca algún paraguas para protegerse de los pedacitos de yeso que se desprenden del techo mientras las lámparas se balancean peligrosamente.

    Pero estamos bajo un chaparrón monumental, masacrados contra nuestras butacas, atornillados. Pasará un buen rato hasta que alguien tenga el valor de descruzarse de brazos y levantarse a bailar. Es tal la impresión que no tenemos otro mecanismo de defensa. ¡Haces el maldito favor de cerrar la boca! O sea, a ver, comprendo que no puedas, acostumbrado como estás a tanta mierda, pero intenta parecer lo que no eres, intenta dignificarte, intenta, tal vez, sublimarte y disfrutarlo.

    Porque no hay nada más moderno que apreciar y respetar el pasado. Hace unos meses me llegó una compañero de curro, moderna hasta el asco ella, para preguntarme qué había que hacer ese fin de semana en Madrid. Puedes ver a los Kiss, le respondí. ¿A quien? Vale, déjalo y, de paso, no me hables nunca más. No, en serio, no te rías, pasas ahora a mi lista negra, a mi lista de odio, cuando pueda te fustigaré, como ahora, públicamente, te odio.

    Exótico puede resultar soltar 53 euros por ver a Raphael, pero lo milagroso es que a los diez minutos ya los das por bien empleados. Cierto, la cosa luego se tuerce ligeramente cuando entramos en el espinoso terrenos de los tangos, pues este espectáculo está pensado en tres actos con cada uno de los géneros ya mencionados. Y la gente no quiere eso, que no joder, que no lo quiere, lo que quiere es lo de siempre. Lo valora pero no lo quiere.

    Y es que otra cosa no puedes querer. Quieres que él llore, mire al techo, abra los brazos, sonría sin parar, que se vaya por un lado del escenario y vuelva triunfante. Ceremonia no por repetida menos celebrada. Misa de siete. Quiere verle al límite. Para qué quiere Raphael hacer un Dr Jeckyll y Mr Hyde, si es imposible que lo que está sobre las tablas sea real. Si él deja de ser él la huelga de los controladores aéreos estaría justificada. Mola saber que hemos visto a el jodido niño de Linares bajo estado de alarma.

    Mola ver a un intérprete que se cree lo que canta, que es capaz de hacer lo que le da la gana siempre bordeando el ridículo, la verguenza ajena, el personaje, la caricatura. Madre mía, ese 'Escándalo' ya lo quisiera Jamiroquai, toda una lección de funky incendiario. Cuando se pone a rapear tienes la certeza de que ya lo has visto todo. Te quieres ir pero no puedes dejar de mirar, como con la tv movie de Felipe y Letizia. Como con la vida misma. Pero es que vamos a ver, si es que el guitarra llevaba una Gibson Les Paul negra como el mejor Slash y se hinchó a hacer wah wahs, y punteos, y de todo, para jolgorio de las abuelas y sus abrigos de conejo.

    Entre las primeras filas, mientras tanto, gente que se levanta al final de cada canción como si estuvieran viviendo el gol de Iniesta. Saltito, brazos al techo, grito huracanado. Él les mira con condescendencia, les comprende, les acuna, les da lo suyo y lo de su prima. Les da mucho más de lo que nunca soñaron tener. Sobre todo en las partes en las que suenan las que tienen que sonar, apabullantes, con una banda que ya quisieran los System of a Down, que lo peta, que turba, que atolondra, que significa algo.

    Después de dos horas ya baila hasta la vieja de los cojones que no se mueve ni un centímetro para dejarnos ir al baño. Se ofende, la jodía. Luego se emociona y se arrepiente de su bochornosa actitud, pero ya no la queremos. Nuestra lista negra crece. No queremos saber quien eres, déjanos. Lo que pienso, mientras tanto, es que ahora que Florida ha perdonado a Jim Morrison por eso mismo 41 años después, Raphael debería enseñarnos la minga. Fantaseo no ya con eso, sino con que se tire al público y terminemos todos en urgencias como la cosa más normal del mundo. Cualquier cosa nos vale.

    Esto es más jevi que los Maiden, tendremos que ir a El Refugio a pagar las copas con tarjeta. Aunque allí nunca sonarán 'En Carne Viva', 'Maravilloso Corazón' (hostias qué bochorno esta), 'Qué sabe nadie' y bueno, eso joder, no estoy aquí para contároslo, más que nada porque no puedo. Luce juvenil el cabrón con casi setenta años, con ese flequillo, con ese tipín pintón, con esa pelvis peleona, con esos gestos. Es un redicho y es un tópico, pero es que lo que él hace, exactamente eso, no lo hace nadie. No pueden.

    Lo estaba esperando y por supuesto, lo hizo. Llegó ese momento en el que da dos pasos hacia atrás, los músicos se detienen, el público se acongoja y sólo queda él cantando a pelo. Ese es uno de esos momentos que te llevarás contigo a la tumba. Aquella vez que viste al pollo aquel, a aquel, con el hígado de un chavalito joven, dicen, cantar como si no hubiera mañana. Sin amplificación, sin cables. Y cuando se ríe, qué, carcajada forzada, estudiada, como todo lo que hace. Pero es que cómo funciona.

    Suponemos que la cosa pierde punch si vas a verle cada una de las 16 noches que tiene en la Gran Vía, pero es que eso sería enfermizo. Si vas una el tipo emociona porque se nota que lo da todo. Hay que ser de piedra para no querer llevárselo a casa y ponerlo encima de la tele. Estamos todos igual y, de hecho, muy mal se le tiene que dar para dormir solo esta noche. Con quien quiera, él puede elegir. Vamos, a mi lo que me pida. ¡Elígeme por dios!
  • Bunbury. Palacio de los Deportes. Madrid (1 diciembre 2010)

    2 Dec 2010, 12:07 by galko00

    Mie 1 Dic – Bunbury

    http://mercadeopop.blogspot.com/2010/12/bunbury-2010-palacio-de-los-deportes.html

    Gran amante del tango y del blues del Mississippi, a mi abuelo le encantaba Bunbury. Cuando estaba melancólico siempre me pedía que le pusiera alguna de esas del muchacho ese que tan mal siempre lo pasa. Entonces sonaba una, luego otra, después una tercera. Al hombre siempre le gustó mucho regocijarse en sus desdichas. Bueno, a los dos en realidad, a Enrique al menos en su vertiente artística. Por eso conectaron, supongo, especialmente desde que mi abuelo se quedó solo.

    Nunca volvió a ser el mismo desde entonces, aunque poco a poco fue superándolo gracias a sus largos paseos mañaneros. Fue en una de esas escapadas ya rutinarias cuando se topó de frente por la calle con una chavala que le estremeció. No podía ser, era imposible, pero al mismo tiempo era evidente. Era calcada a un viejo amor de juventud, tan intenso que necesariamente tuvo que durar poco, inoportuno entonces en el tiempo y el espacio, pues mi abuela ya estaba predestinada a ser mi abuela.

    Tres segundos de estupor después salía de la misma tienda una mujer más mayor, de su edad, pero con la misma mirada jovial y encantadora. Ambos se miraron fijamente a los ojos, se reconocieron y el mundo se detuvo instantáneamente. O al menos derrapó. Cuarenta años después, solos después de que las vidas que eligieron hubieran llegado a su fin oficial, decidieron sin titubeos terminar de envejecer del todo juntos, de la mano, aprovechando la oportunidad que el caprichoso destino les había ofrecido para estupor de sus magullados corazones.

    Ni si quiera tenía sentido que se encontraran pues no compartían los mismos hábitos ni las mismas zonas, pero la nieta en cuestión se había mudado recientemente a nuestro barrio y eso propició el encuentro. De mi abuelo aprendí a no juzgar a la gente sin conocer profundamente sus circunstancias. Bueno, ni conociéndolas porque, ¿para qué? Él estaba columpiándose sobre la nada hasta que la vida le ofreció la oportunidad de cerrar una herida que seguía abierta y nadie podía culparle por ello. Máxime porque aquello apenas duró un par de meses. Ella se fue y mi abuelo, que había sobrevivido a su esposa, no pudo con este desconsolado segundo round y echó el cierre poco después.

    Por eso siempre que escucho a Bunbury brindo por las causas perdidas, por el amor y por el dolor, con una copa de ron en una mano y un chupito de tequila en la otra. Por eso me estremezco con sus historias de desdichas sin solución, de perdedores, de arrepentidos, de personajes que toman sus decisiones con toda la honestidad posible a pesar de sus terribles consecuencias. De gente que quiere alegrar a la gente, pero que tiene una capacidad innata para asustar y enfadar a quienes tiene alrededor, siempre al límite, nunca en la tibieza. Brindo por el mismo dolor.

    Por esto también esta noche es hora de hablar de consecuencias inevitables, olvidar sueños, amores inalcanzables, decepciones, destrucciones emocionales, misioneros del pubis, de la verdad como forma de violencia, las cosas que la gente hace para no perder la cabeza, de la culpa y de la madre del castigo, temores y habitantes de tu sangre...

    También es hora de hablar de los horrores de plantear un concierto como este sentado -lo cual no es otra cosa que sentirte enterrado vivo-, de pagar 65 euros por estar en la quinta fila y que a tu alrededor la gente coma palomitas y gusanitos y mire a su pareja con adoración mientras suena 'Puta Desagradecida'. O todo el mundo está loco o ese cabrón está sordo.

    Hasta la quinta canción se confirmaron mis peores temores. Un espectáculo delicioso en la distancia corta, pero sin duda complicado para los del fondo del pabellón. Si quieres montar un concierto intimista está de puta madre, pero no lo hagas ante cerca de 10.000 personas. No nos vale la broma de que Raphael tenía todos los teatros de la Gran Vía ocupados porque, aunque graciosa, es falsa. Te marcas, como él, una decena de noches seguidas y contentas a todos. Eso sí, bien empleadas las más de 10.000 pelas por poder no ya emocionarte, sino conmoverte y conmocionarte con esa primera tanda emocionalmente descarnada.

    Pero luego ya sí, con 'Enganchado a Ti' la cosa se levanta y ya nunca se volvería a sentar. Alrededor ves cómo la cosa va funcionando, cómo la gente ya se pone por los pasillos, cómo ya fluye. Ya fluye. Sin más. Porque tras esa confesión que es 'Desmejorado' suenan, ya lo pone arriba pero lo repito, Bujías Para El Dolor, Hay Muy Poca Gente, Senda, Que Tengas Suertecita, Sólo Si Me Perdonas, Sácame de Aquí, Sí, Infinito y Apuesta por el Rocanrol.

    Una detrás de otra, en realidad no hace falta explicar nada más si sabes de lo que hablo, si no estás comiendo palomitas, maldito cabrón. Senda es la de Héroes del Silencio. A lo mejor la está tocando habitualmente, pero tuve la decencia de no querer enterarme antes, de manera que para mi fue poco menos que una revelación. Oh dios mío, por una vez, lo que siempre soñé hacer. Luego ya si le puedes cantar Sólo si me perdonas mirándole a los ojos y te devuelve una especia de reverencia, aceptas la derrota y recuerdas que estás en el límite que puedes soportar para salir de esta vivo.

    El de seguridad, muy majete por una vez, intenta contener a la gente en sus asientos mientras mueve los pies (oh, lo nunca visto) pero en realidad te deja, así que nada, Sácamde de Aquí, Sí, Infinito versión blues y terminamos apostando por el rocanrol. No tiramos las sillas al aire porque alguien, muy listo por una vez, las ha atado todos entre sí con esos cordones de plástico infernales que no hay dios que separe. Si es que nos conocen ya...

    Para este punto ya está todo cocinado gracias a la capacidad de Bunbury, después de escribir aquellas letras que nadie entendía pero que tan bien se vociferan para Héroes del Silencio, para hablar de sentimientos universales consiguiendo que cualquiera se los apropie. Cualquiera de esas caras pensativas que viajan en transporte público en Madrid pueden perfectamente estar rotas por dentro.

    Pero si nunca te han roto el corazón nunca somatizarás con este dolorido repertorio. Es preferible que no, pero canciones como El Boxeador funcionan sobre todo si te has visto a ti mismo, desde fuera, en un ring, en pie, magullado, con tu otra mitad sangrando en el suelo y suplicándola que no vuelva a intentar levantarse antes de que la cuenta llegue hasta diez. Que lo deje ya, que no hay más nada que hacer.

    No podemos dejar de mencionar lo enormes que siguen sonando las tónadas rockeras de Hellville de Luxe, como tampoco podemos dejar de fustigar a esa pareja rancia que al principio de El Viento a Favor (... ¿y al final?) tuvo el valor, porque hace falta valor, de pedirnos que nos sentáramos, de nuevo, insisto, ¡en la quinta fila!, porque estaban haciendo un video. Yo soy el hombre delgado que no flaqueará jamás, chata, ¿no te diste cuenta aún? Y aquellos dos, esos que bailan al lado de las escaleras, son mis abuelos, agarrados. Muestra un poco de respeto, maldita sea.
  • Loquillo. La Riviera. Madrid (26 noviembre 2010)

    27 Nov 2010, 14:21 by galko00

    Vie 26 Nov – Loquillo

    Más cositas en
    http://mercadeopop.blogspot.com/2010/11/loquillo-2010-sala-la-riviera-madrid.html

    Ya sabemos lo que ve Loquillo en las calles de Madrid, y en realidad es algo muy parecido a lo que también nosotros vemos un viernes por la tarde cualquiera. Gente maqueada, gente contenta, calor de hogar en las ventanas, caras en los autobuses, ilusión en las miradas pero, por encima de todo, pesar en los corazones de una ciudad que gira tan rápido que te tira del tiovivo sin que te des cuenta. Gente que llora viendo los telediarios por temor a que todo se vaya a la mierda y te pregunta, seria, cómo puede ser que Irlanda se haya ido a la mierda: ¿acaso Bono no compra suficientes bonos irlandeses? Oh por favor, qué responder a eso. Así estamos.

    Pero sobre todo en Madrid hay gente que se odia y gente que, sobre todo, se quiere. Gente que no vino aquí para hacer amigos pero que cuando toca cantar que siempre puedes contar conmigo se golpean el pecho y te pasan la cerveza. Porque ahora mismo los bares no se nos cierran, lo cual me da a entender que es nuestro momento de ser los mejores y disfrutar mientras en cada esquina nuestra juventud se suicida noche tras noche. Correcto mientras sea al abrigo de la madrugada con chicas que beben, fuman y hablan con los hombres, y no tienen prisa por partir. ¡Márcate un Ramírez!. Qué barbaridad.

    Pégate a mi, soy mala compañía pero vigílame todo el rato, no te vayas, mírame mal, no soy tan raro, es difícil ser humilde cuando se es tan grande y, sobre todo, no olvides, no traiciones, lo que siempre te ha hecho vivir, lo que te levanta cada mañana de la cama, tu rocanrol actitud, aunque te emborraches y llores cuando tienes depresión. Esta noche somos una puta banda de rocanrol, buscamos beber a toda prisa, no tenemos tiempo que perder, Loco, pon la pose, mueve las caderas, agita los brazos, tenemos treinta y tantos pero no, que no, el juego no se ha acabado.

    Algún día miraremos atrás y nos recordaremos en noches como esta, como los jóvenes airados que todavía somos, combativos, peleones, gastones cuando se podía comprar todo, incluso vuestras almas, pero siempre fuimos nosotros, marcando una línea clara. Tipos duros que no lo somos tanto en realidad gracias a que el rocanrol nos enseñó a amar. ¿Cómo puede ser que Loquillo agote semanas antes sus entradas para La Riviera a 27 pavos después de haber tocado tropecientas veces gratis en Madrid y alrededores? La respuesta a esta pregunta es lo que da sentido a una fría noche de noviembre en la que se trata sencillamente de compartir en los callejones de la gran ciudad.

    No faltó ni una de las que tienen que estar, seguramente las mismas de toda esta gira de aniversario, aunque, la verdad, no lo sé. Jaime Urrutia salió a cantar el hombre de nego, todos cantamos El Rompeolas en uno de esos momentos colectivos que no necesitan explicación, esos cuando miras a tu alrededor y sólo ves felicidad, uno de esos momentos que te gustaría tener siempre presentes. A ver, chicos, necesito saber cuando vamos a volver todos a juntarnos en una como esta. ¡No puedo afrontar el lunes si no es con un horizonte así! Necesito aferrarme, necesito alguien a mi lado que me recoja al caer, no quiero llorar y tener depresión. No más.

    Suena Autopista y me acuerdo de las infernales highways de Los Angeles, con catorce carriles y la salida, oh no, justo al otro lado. Pero ni una vez nos perdimos. Feo Fuerte y Formal peta a clásico desde el primer acorde y demuestra que no sólo de los ochenta vive Loquillo, flanqueado, además, por esos dos totems que son Igor Paskual y Jaime Stinus en las guitarras. Suena Por Amor y me viene a la cabeza Take 'Em As They Come de Springsteen. Por favor no te vayas nunca. Bruce, no te vayas. Tu tampoco.

    La cerveza debe ser gratis aquí porque somos más de diez y no puedo deshacerme de mi bebida. ¡Todos tenemos una en la mano! Yo te la paso y tu me la pasas, nos descojonamos y nos abrazamos. Nos miramos y cantamos sé que la mataré. Sale Sabino Méndez al escenario y la noche queda completa con esas canciones que compusieron para explicar lo que es ser joven y lo que todos anhelamos ser de mayores, si es que nos sale de las pelotas llegar. A lo mejor para entonces ya podemos eutanasiarnos y tenemos que soportarnos unos a otros con más arrugas de las que ya nos asoman.

    Venga Sabino, esa entrada que sólo tú sabes hacer, demonios. Después de tanta reafirmación rockera, de tanta llamada a la actitud -de la que, está mal que yo lo diga, vamos sobrados de la hostia los 2.500 esta noche- suena el canto definitivo a esa estrella del rocanrol que todos llevamos dentro. José María lleva toda la noche asombrado de la respuesta del público, contento, feliz, con la sonrisa, más saltarín de lo normal porque el cuerpo se lo pide, porque no muere jamás tu rocanrol actitud, porque en el Metro nos buscamos unos a otros a través de lo que suena a todo trapo en nuestros auriculares y, a veces, sólo un segundo, nos encontramos y asentimos levemente. Somos de la banda.

    Acaba Cadillac Solitario y hay quien me busca para confesarse: joder, de tan famosa que es, no era la que más esperaba, pensaba que era un coñazo, pero tío cómo mola. Es como los que pedimos que U2 no toque más With or Without You en frío. Luego sólo nos queda pedir perdón in situ, porque las canciones más grandes que la vida hay que respetarlas. Cuando las cantas en compañía te das cuenta de que siempre han estado ahí esperando su momento de ser enormes, su momento de ser cantadas, su momento de cobrar sentido. Es entonces cuando no sabes si gritar o llorar y, perdido, te abrazas a quien te pilla a mano. Si es un cuerpo caliente, mucho mejor, eso que te llevas.

    Le quedan tres semanas, dice, y es verdad, pues cumple años el 21 de diciembre, y reconoce que esta noche es el mejor regalo posible. Nosotros el 20, así que también éramos los pequeños de la clase antes, y los más jovencitos ahora. Tiene que molar que te pregunten la edad al entrar a La Riviera aunque ya tengas treinta. Sucedió, es real, así de bien están algunas en nuestra manada. Hay críticas a los políticos catalanes desde el escenario e incluso ondea la bandera madrileña entre un mar de puños y cuernos al aire. Esto parecen los tiempos de Leguina el desencantado.

    Pero estamos ya en 2010, Loquillo va a cumplir cincuenta, igual que mi cuñado, al que le estoy haciendo en tiempo récord un álbum de esos de fotos que recuerdan toda una vida. Y me estoy viniendo abajo entre tantos recuerdos del Carabanchel de los setenta y los ochenta, pelotillas, Simca 1000, Ford Transits, carteles del PCE como decorado donde ahora hay un Banco Santader con pintura rosa en el suelo que no se borra y enormes gafas de pasta cuando no eran de moderno. Las bodas de oro van a ser apoteósicas. Enhorabuena a los premiados. Y que llegue pronto esa gira conjunta -que llegará, confiad en mi- de Loquillo, Bunbury, Calamaro y Urrutia. Esa noche será para acabar etiquetado en una mogue marroquí con el DNI español en la boca. No nos toquéis las palmas por favor, no lo hagais. Con poquito nos animamos y nos damos mucho miedito.
  • Getafe En Vivo. Cerro de los Ángeles. Madrid (2 octubre 2010)

    3 Oct 2010, 16:55 by galko00

    Jue 30 Sep – En Vivo

    Enlace original, con videos, recortes de prensa y tal en:
    http://mercadeopop.blogspot.com/2010/10/festival-en-vivo-getafe-2010-cerro-de.html

    Sabes que te estás acercando a un festival cuando empiezas a ver parejas de chicas entre los árboles, los coches y los arbustos buscando una intimidad ilusoria que nunca van a conseguir para sus micciones. Luego ya llegan los olores de todo tipo, las tripas al sol, los gorritos de paja, las camisetas de grupos diversos, las chicas enseñando las bragas, la peña variopinta pasada de vueltas, los mojitos gratis cortesía de Movistar, los robos en la zona de acampada y... a lo lejos, la música constante como hilo conductor.

    Tras una caminata de tres cuartos de hora desde la estación de Renfe de Getafe Industrial -¿no se supone que estaba a cuarto de hora?- ya buscaremos culpables, ya- por fin tenemos una cerveza fresquita en la mano, a Quique González cantando y nuestra parcela de cesped para disfrutarle desde el suelo, tumbados como toca en este tipo de eventos cuando el sol está en lo alto y el público todavía no ha llegado en masa.

    Quique hace lo esperado y prometo que voy a intentar verle en algún concierto en sala cuando tenga la oportunidad para darme una buena sesión de rock americano como nadie hace en este país. Todo un lujo y nuestro preferido de la tarde. Se nos hace corto porque fue corto y toca moverse hacia el otro escenario para seguir con Los Ilegales. No hay que andar mucho pues los dos escenarios principales están uno al lado del otro. Un gallifante para la organización.

    De Jorque Martínez y los suyos ya se sabe qué esperar, pero en esta ocasión, además, su ración de mala hostia llega con una contundencia brutal. Caen todos sus clásicos en una hora inapelable, con 'Hola mamoncete' y 'Problema sexual' incluidas. Unos clásicos de nuestra escena, una pena que estén ya finiquitando la que está siendo su gira de despedida. El respetable se vino muy arriba. De hecho, se estaba viniendo arriba progresivamente.

    Celtas Cortos sorprenden porque lo ponen todo patas arriba con su rollito desenfadado. Confieso que no esperaba una respuesta tan entusiasta del público pero, bien pensado, es cierto que son ideales para un festival, pues tienen multitud de canciones reconocibles por todos y eso siempre ayuda. Seguimos con Los Suaves, que hacen lo de siempre, lo que cuenta su leyenda, con Yosi centrando todas las miradas.

    La Cabra Mecánica suenan muy rockeros y recomendables en directo, pero es una pena que también estén de despedida. Soziedad Alkoholika trallan al personal con 'Ratas', 'Palomas y Buitres' o 'Nos vimos en Berlín'. Sólo por estas tres canciones ya merece la pena haberse acercado hasta el Cerro de los Ángeles en romería hasta este Viña Rock 2.0 tanto en cartel como en público tipo.

    Sin duda el tirón de Fito provocó que esta última jornada del sábado fuera la de mayor asistencia, con un total de 37.341 asistentes, según la organización. El primer día asistieron 22.247, mientras que el viernes se llegó a 34.767. Sumando las cifras habría tenido lugar una asistencia global de 94.351 personas (aunque este tipo de cálculos hay que cogerlos con papel de fumar).

    Cabrales tenía el éxito asegurado. De hecho, siempre lo tiene porque su rock es inofensivo y para todos los públicos. Durante la jornada sus seguidores eran claramente identificables por esas boinas a imagen y semejanza de las del bilbaíno. Tiene que ser curioso saber que hagas casi lo que hagas vas a salir por la puerta grande. Claro que eso lleva al acomodamiento y la autocomplacencia y, por muy bien que hagas lo que haces, ahí te quedas a verlas venir y a recibir los aplausos.

    Después de Fito -el único que pudo tocar dos horas- todavía quedaba tiempo para la actuación de Berri Txarrak, los grupos de versiones de Extremoduro, AC/DC, Guns n' Roses y Nirvana hasta bien entrada la madrugada. A esas horas el polvo que incluso llevó a muchos asistentes a lucir mascarillas ya no importaba demasiado y los más perseverantes se empeñaban en evitar acostarse a cualquier precio, ajenos a lo que sería un inminente domingo ruinoso. Como todos, pero más, que para eso has estado de festival.