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Corría el año 1992 cuando se formó el grupo londinense Seefeel. Al guitarrista Mark Clifford y al baterista Justin Fletcher se sumaron la vocalista Sarah Peacock y el bajista Darren Seymour. Su formación de banda y sus trabajos previos inclinaban la balanza hacia una sonoridad deudora del post-punk melódico (Cocteau Twins) y sónico (My Bloody Valentine), cruzados por el eclecticismo de la electrónica entre el techno de principios de los noventa y un terreno en ciernes: el ambient. Quique, su álbum debut en 1993, fusionaría sus referentes y personalidades en un personaje virtual, quimérico, futurista y de gran profundidad de campo.

Conocí Seefeel dos años atrás. Mi pieza era oscura, sin ventanas. En ese espacio clausurado, los loops y todos los tracks de Quique se convertían en una sola gran canción, uniforme, absolutamente pegada, a ratos helicoidal o sólo circular. Mi habitación levitaba cual nave espacial, donde flotaba la conciencia anulando todo pensamiento, aunque la escucha no era muy prolongada.

A raíz de la reedición de este álbum el presente año, con un segundo disco de remasterizaciones y mezclas alternativas, vuelvo a descubrir estas canciones. Las escucho con más calma, las llevo a la calle. Y quizá, sólo ahora, puedo apreciar la rica gama de matices que quedaron registrados con tanta pulcritud y exactitud catorce años atrás. Lo más genial de Quique es lo bien que envejece, lo avanzado que resultó para su época, lo fresco que suena para nuestros oídos. Seefeel comprendió que el trabajo delicado de beats y percusiones, cobijadas en loops adustos, tan funcionales como el pulso cotidiano del corazón, integradas en perfecta ecualización con sustain de guitarras, voces etéreas y fantasmales más un bajo explícitamente dub, darían vida a un género tan frío y tan cálido-orgánico, minimalista, diríamos hoy- que permitiría múltiples relecturas y nuevos géneros durante los noventa (Boards of Canada, Massive Attack), inclusive posándose como superestrato de proyectos actuales como The Field o los híbridos The Knife.

Si sigues tirando del hilo, quedarás boquiabierto con Polyfusia, recopilación publicada 1994 de sus trabajos previos a Quique (vale decir, More Like Space y Pure & Impure). Esta primera época es mucho más bruta, más entretenida y llena de ganchos, si se prefiere, pero queda claro que la madurez conceptual de su proyecto, y también la personalidad más autóctona, se daría sólo en Quique. Trabajando con el misterio referencial de la electrónica en los títulos, nombres de canciones como ‘Polyfusia’, ‘Imperial’, ‘Plainsong’ dan cuenta de su formalismo sintético y ‘Charlotte’s mouth’ dejan entrever lo sensual que puede ser la repetición en función de la nostalgia. Seefeel lanzaría otros discos más tarde, pero el sutil desplazamiento de emociones tiradas al vacío, en el momento justo, silencioso, sideral, sólo se halla en un disco ufano, clave y tranquilo como Global Communication. El segundo cedé de mezclas y tomas alternativas de esta versión redux, con crucial respeto, apenas retoca el trazado primario.

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