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Los países nórdicos y más concretamente Suecia viven un momento dulce (un momento que se remonta ya a más de una década) en lo que a proliferación de proyectos de pop electrónico de calidad se refiere. El enésimo ejemplo es Ashbury Heights, dúo formado por Anders Hagström y Yasmine Uhlin. Esta nueva sensación llegada del frío es una de las recientes incorporaciones más acertadas y con más futuro de los últimos tiempos en Out of Line. Tras su firma a principios de 2006 con el super-sello alemán de la escena independiente, se han hecho esperar más de un año antes de publicar este su esperado debut, ‘Three Cheers for the Newlydeads’. La pareja puede estar orgullosa de su primer trabajo oficial, ya que su escucha es como una gran bocanada de aire fresco en un género como el synthpop, tan congestionado últimamente por aburridas propuestas de medio pelo.

En su discurso no hay nada especialmente novedoso que llevarnos a la boca, es más, existen muchos guiños a bandas que más o menos todos conocemos. Podemos encontrar referencias en las que se adivina el romanticismo de Elegant Machinery, el histrionismo y contundencia rítmica de Welle:Erdball, o la alternancia de voces masculinas y femeninas que utilizaban The Human League. Su secreto reside en la forma de mezclar todas estas variantes más que en el fondo. Hablamos de un synthpop ochentero, descarado, directo, de bases muy marcadas y apabullantes melodías con gran amplitud de miras que oscilan entre lo frívolo y lo oscuro. Para obtener este brillante resultado se han apoyado en John Fryer, conocido por ser miembro fundador de los legendarios This Mortal Coil y sobre todo por sus labores como productor de artistas como Nine Inch Nails, HIM, o Cocteau Twins.

‘Three Cheers for the Newlydeads’ entretiene y sorprende en la primera escucha, pero aún mucho más en las sucesivas. Pocas bandas pueden presumir de enlazar uno detrás de otro ocho hits en los primeros 45 minutos de su disco. Todo aquel que procese admiración por los pasajes más bailables y sintéticos de la new wave encontrará un verdadero santuario en las explosiones de sintetizadores de ‘Bare Your Teeth’, los deslumbrantes destellos de ‘Waste Or Love’, y las atmósferas retro de ‘Swansong’. Con arreglos más electro se presentan ‘Smaller’, un corte que recuerda en varios momentos al sonido de los dos primeros álbumes de Ladytron, y el pegadizo ‘Cry Havoc’, canción protagonista del que fue su primer aperitivo oficial en forma de single promocional. Mención especial merece ‘Derrik Is A Strange Machine’, único tema que podría llegar a merecer el apelativo de balada y portador de un estribillo a dos voces de esos que hacen época. Dentro de este primera andanada de éxitos también hay hueco para un par de cortes que escapan de la orgía de luz y color del resto, con un calado más sombrío y agresivo. Unas veloces y galopantes percusiones sustentan al primero de ellos, el titulado ‘Stormbringer’. ‘Illusion’, el segundo en discordia dentro de los parámetros más oscuros, rompe sus bases con un ritmo bastante pausado pero muy contundente, además de ofrecer distorsiones inéditas en el resto del tracklist.

A partir de la novena pista bajo algo el listón y no se aprecia nada que supere la calidad de los anteriores, aunque hay momentos de gran lucidez como en ‘Corsair’ y el broche final ‘Eternity At An End’ que sin desmerecer al resto suponen los más interesantes en el tramo final del álbum. Quizás quince temas sean demasiados y se podría haber dosificado material con vista a futuros lanzamientos.

En resumen, el mejor debut del año, de momento, dentro del panorama synthpop y el que más visos tiene de cristalizar como integrante de la liga de las estrellas del género. Mientras escribo estas líneas el dúo se encuentra creando nuevo material para su segundo trabajo, previsto para la primera mitad del 2008. Si esta próxima entrega tiene la mitad de calidad que esta primera, en poco tiempo estaremos hablando de un nuevo éxito de los suecos.

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